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    domingo, 15 de noviembre de 2015

    Las abejas desafían las leyes de la física porque no deberían de volar sin embargo lo hacen


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    Nos preguntaba el otro día un visitante sobre el número de alas que tiene una abeja. Pregunta aparentemente fácil, pero no tanto, porque mucha gente piensa que tienen dos, cuando realmente son cuatro.

    Efectivamente, las abejas tienen dos pares de alas, uno a cada lado del cuerpo, adaptadas para mantener un vuelo rápido, pero también para soportar  una carga. El segundo par de alas es de menor tamaño que el primero, y estando la abeja en reposo se encuentra plegado bajo el primero. Cuando la abeja emprende el vuelo, “despliega” este segundo par de alas, y lo engancha al primero mediante una serie de garfios.

    Ambos pares de alas, están reforzados por una serie de nervaduras por cuyo interior circula la hemolinfa (la sangre de las abejas). Las alas, en contra de lo que pudiera pensarse, no tienen músculos propios, siendo sus movimientos producidos por los músculos del tórax, que es donde se insertan al cuerpo de la abeja; la contracción alternativa de los músculos transversales y longitudinales es lo que hace que las alas se muevan arriba y abajo.
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    Desde hace muchos años se viene diciendo que, desde el punto de vista teórico, las abejas no deberían poder volar, pues según el tamaño de sus alas, el peso de sus cuerpos y la aerodinámica conocida, los cálculos dicen que su vuelo no es posible.  Según los cálculos, el problema fundamental radica en que sus alas son tan pequeñas que no deberían producir suficiente sustentación durante el vuelo. Pero es evidente que vuelan.

    ¿Por qué pueden volar las abejas?
    El mecanismo aerodinámico que da respuesta a esta pregunta, era un misterio hasta hace poco, y ha sido descubierto hace poco por investigadores del Instituto Tecnológico de California. Es básicamente el siguiente:

    A diferencia de otros insectos voladores que baten las alas entre los 145 y 165 grados, las abejas las baten menos de 90 grados pero lo realizan a mucha velocidad, a una frecuencia de 230 aleteos por segundo. Utilizan un patrón mixto de aleteo menos eficiente que el aleteo amplio y más lento de otros insectos a pesar de su necesidad de volar lejos en busca de alimento y volver, pero al mismo tiempo pueden conseguir mayor sustentación cuando la necesitan, como al llevar cargas pesada como el néctar y el polen.
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    La técnica de las abejas, que ha sido calificada de insólita, consiste en que “el ala se mueve hacia atrás en un arco de 90° y mientras vuelve hacia delante va girando. Dicho proceso se repite doscientas treinta veces por segundo. Se parece a una hélice en la que, además, la paleta rotara”, según explica un miembro del equipo de investigación.

    El descubrimiento de esta singularidad, podría ayudar a los ingenieros aeronáuticos a diseñar hélices más eficientes o aeronaves de alta maniobrabilidad.

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