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    domingo, 1 de marzo de 2015

    La maldición de los albinos en África

    Nos encontramos en pleno siglo XXI, tiempo en el que la humanidad parece haber dejado atrás las barbaries cometidas en tiempos pasados, olvidado ya, las atrocidades cometidas por ideas absurdas, por creencias descabelladas… Desgraciadamente, esto no es así del todo, pues hay lugares en los que la población parece necesitar un millón de años más para abrir los ojos, paradespertar, para escapar de esa mente que parece proceder más bien de una alimaña que de un ser humano.


    Muchos son los misioneros que denuncian las atrocidades que se cometen hoy en día en gran parte de África, sobre todo en Tanzania, donde nacer albino es una auténtica desgracia, una fatalidad, una maldición.
    Por ejemplo, en el Congo, si un niño tiene la mala fortuna de nacer albino, lo más probable es que sea abandonado en termiteros gigantes, donde habitan millones de hormigas rojas, gigantes, capaces de devorar una vaca en cuestión de minutos. Aunque parezca increíble es totalmente cierto, si no son abandonados a su suerte de niños, lo más posible es que sean desmembrados para hacer amuletos de protección, ya que se cree que poseer una parte del cuerpo de un albino, reporta dinero y riqueza. Su sangre es muy valiosa para realizar brebajes mágicos, y sus miembros son vendidos para atraer salud, bienestar y suerte.
    Lo curioso de este asunto y a la vez desafortunado, es que no es raro que nazcan albinos en África, debido a la desbocada endogamia que se produce en algunas comunidades.
    Las cifras no mienten: se estima que al año nacen casi 20.000 albinos, de los cuales, el 60% fallecen -o son asesinados- antes de cumplir los 10 años de edad. Estas víctimas de la superstición, son un gran negocio para sus traficantes, pues en Tanzania se pagan hasta 75.000 dólares por un albino para hacer con sus restos pócimas y amuletos.

    La gente dice que no podemos morir”, dice un albino que sufre cáncer de piel, en un artículo del New York Times, refiriéndose a la superstición de que los albinos no mueren, sino que se desvanecen al llegar a viejos. Tanto esta, como otras creencias absurdas que ya hemos visto, hacen que la vida de los albinos, en una región desfavorable para ellos, sea todavía más difícil y arriesgada.

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